La Respingona, artículo de Juan Andrés Saiz Garrido en El Adelantado de Segovia

Para personas y pueblos, las canciones vienen y van; algunas perduran en la memoria colectiva, pero sólo una tiene la capacidad colarse en sus entrañas, como el espermatozoide que fecunda al óvulo.

A comienzos del siglo XX, la tocaba la banda de Carlos Martín, La Popular. En 1932, Agapito Marazuela dio un concierto de guitarra a beneficio del local de los mozos y le sorprendió la pasión que aquí levantaban las ‘Habas verdes’.

Era la canción de Forges; la mamó en la Corredera, la inmortalizó en viñetas y la pregonó mucho, lo mismo en ‘La Ventana’ de la Ser, para sorpresa de Genma Nierga, o en la tele, una mañana que se encontró a Federico Ruyra en la orquesta que amenizaba el programa de Jesús Hermida; Forges dijo en alto: “Federico, ¡toca La Respingona!”; a éste le pilló todo por sorpresa, pero enseguida la tocó con la trompeta, para alucine general. Me consta que cuando las orquestas de Federico (Los Bardos, Versalles y Alcatraz) eran contratadas en El Espinar, les ponía como condición a sus compañeros que ensayaran y tocaran la jota de su pueblo, que era y es un himno sin letra.

En 1996, llevé con ‘el Naranjito’ un grupo de músicos de la Banda a los estudios de Fonogram para grabar ‘La Respingona’ con el Mester, dentro del álbum ‘Todos en un cantar’. Al final, al Pernales se le saltaron las lágrimas. Siempre ha sido un sensiblero.

En las pasadas fiestas del Caloco, el Grupo de Danzas organizó lo que pretendía ser la Respingona más grande del mundo; y lo consiguieron: más de mil joteros nos unimos en una rueda que abrazaba las plazas de la Constitución y la Corredera. La bailé con mi nieto Damián. Ahora el sensiblero soy yo.

“Es El Espinar / una villa noble y gabarrera, / vamos a bailar / la Respingona en la Corredera”. Lo canta el Mester. Gracias.


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